GastronomíaYumee. Cocina de encuentro
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Con el estómago feliz y convencido, podemos afirmar que acabamos de degustar una de las mejores pizzas que hemos comido en mucho tiempo.
Autor: Aina Coll
Fotógrafo: Travel To Zero
La pizza tiene el don de ponernos de acuerdo. ¿A quién no le apetece una después de un día maratoniano de trabajo, en un domingo de sofá tras una buena fiesta o un -por fin- viernes, con la única excusa de reunirnos juntos alrededor de la mesa de nuestro restaurante favorito? Cómo lo consigue -eso de dibujarnos una sonrisa y convertirse de repente en un planazo- es más difícil de explicar. Quizá es el poder de la masa o puede que sea la sabrosa combinación de ingredientes la que estimula la sensación de placer. Dopamina pura. A saber.
Lo que sí sabemos con certeza ahora es que en Es P’DAL, en Binissalem, saben ejecutar con maestría esa habilidad. Lo descubrimos un día de octubre alentados por múltiples recomendaciones -todo el mundo que prueba una pizza aquí la recomienda- y una fachada de piedra mallorquina flanqueada por dos barricas de vino nos da la bienvenida. Hoy la terraza del número 8 de la calle Passeig des Born no está montada -quizá porque ha estado lloviendo- pero vamos hacia el interior para hacernos con una mesa y comprobar por nosotros mismos cuánto hay de cierto en los halagos que reciben las pizzas que aquí se cocinan.
Los techos altos, los arcos de piedra vista y una decoración con cierto aire industrial pero cálida y acogedora nos recibe. La barra, larga y de madera, se extiende en un lateral y está presidida por un número 23 bien grande que anuncia, orgulloso, los años que cumple este restaurante que durante mucho tiempo fue un pub de música alternativa imprescindible en las tardes y noches del Raiguer. Tomamos asiento y nos preparamos para disfrutar.
Venimos a por pizza y pizza comeremos, pero curioseamos entre una carta mucho más larga y completa de lo que habíamos podido imaginar: ensaladas, pa amb olis, hamburguesas, croquetas y sugerencias del día conviven con pizzas para todos los gustos -muchas de ellas vegetarianas, como la Solidària, la Dolça o la Tardor, por cierto- en las que impera el producto de temporada y un potente sabor local.
Tras escudriñar la propuesta -leer con atención y decidirnos nos lleva tiempo porque la tentación rebosa la carta-, finalmente nos dejamos recomendar. Nos cuentan que la pizza Lombardía es la que siempre provoca más interés y que son muchos los que se acercan hasta aquí para probar esta elaboración en espacial. Nos ha picado la curiosidad, así que vamos a por una Lombardía sin pensarlo más.
Para beber teníamos en mente una cerveza bien fría, pero sabedores de la selección de vinos del restaurante y de que, por supuesto, estamos en uno de los pueblos vinícolas por excelencia de la isla, pedimos consejo. La respuesta llega a nuestra mesa servida en copa y también es, por supuesto, de proximidad: un Supernova tinto de la bodega Ca’n Verdura se convierte en el maridaje perfecto para una pizza que no tarda en llegar.
La pizza Lombardía lleva burrata, bresaola, pesto, mermelada, aceitunas y rúcula sobre una masa artesanal y sorprendentemente oscura por la harina de xeixa, un trigo autóctono de Mallorca que en los últimos tiempos parece que vuelve a recuperar el protagonismo que había perdido en la gastronomía mallorquina. La combinación del dulce de la mermelada y la bresaola es pura magia, y el contraste que interpreta la pizza con el sabor suave y envolvente del mantonegro de Ca’n Verdura redondean el éxito. Con el estómago feliz y convencido, podemos afirmar que acabamos de degustar una de las mejores pizzas que hemos comido en mucho tiempo.
Antes de despedirnos, charlamos un rato con Ramon, uno de los socios del restaurante, quien nos explica la larga trayectoria de Es P’Dal. Antes pub de copas y cerveceo -la huella persiste en una estantería plagada de discos y en la música de los Strokes y los Beatles que ha sonado durante la cena- y ahora pizzería auténtica con marcada identidad local, Es P’Dal nos ha conquistado y celebramos su larga vida con una tote bag que Ramon nos regala con motivo del aniversario del lugar.
La bolsa de tela reza así: «Espai on poder gaudir d’una copa de vi. Antic pub de música alternativa. Lloc on compartir bon menjar. Aturada obligada per Sa Vermada». Directa y certera, no se nos ocurre una descripción más acertada para un lugar que incluimos desde ya en nuestro particular must de pizzerías de la isla y al que volveremos, seguro, antes de que se celebre la popular fiesta que rinde tributo a la tradición vinícola del pueblo. No podremos esperar hasta septiembre.
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