GastronomíaYumee. Cocina de encuentro
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Patrón Lunares, un lugar con pasado y encanto. Amantes del pescado y marisco, dejad de buscar, este es vuestro sitio.
Autor: Cristian Rodríguez Domínguez
Os voy a ser sinceros, pensaba que ya lo había visto y probado todo. No es para menos. No hay barrio palmesano más de moda en los últimos años que el de Santa Catalina. A estas alturas, ¿quién no ha ido a comprar alguna vez a su magnífico y acogedor mercado? O algo que nos viene a todos a la mente cuando se nos nombra el barrio, ¿queda alguien que no se haya tomado unas copas con los amigos en el más que conocido y consagrado tardeo? Por suerte, estaba muy equivocado. Siguen quedando muchos rincones y locales por recorrer y descubrir. Y uno se los suele encontrar de la manera menos pensada, como es mi caso. Probando un día el nuevo servicio de BiciPalma, que nos permite movernos por la ciudad de una manera sostenible y beneficiosa también para nosotros, ya que no tenemos más remedio que pedalear, llego a la estación de la calle Cotoner, a la altura del número 41. Decido entonces dar una vuelta por el barrio, sin rumbo fijo y ninguna expectativa.
Dejo atrás la Plaza Progreso en dirección hacia los molinos y a escasos metros empiezo a ver el distintivo letrero rojo que pertenece al siempre concurrido Vinostrum-La Fabrica un lugar de obligada parada para degustar su amplia carta de vinos. Resulta que la fachada pertenece a uno de esos restaurantes plenamente asentados en el barrio, ubicado en un edificio con mucha historia: Patrón Lunares. Miro mi reloj -las 14:30- y me decido a entrar y saciar mi apetito. Si lo del exterior ya me tenía cautivado, el interior es una maravilla. Un local grande, diáfano y con una iluminación tenue que acompaña a los rayos de sol que entrar en el lugar a través de sus grandes puertas, abiertas de par en par.
Me siento al fondo del local, en una mesa de madera robusta. Al momento, se acerca una camarera y me deja la carta y me comenta si me gusta el pescado. Yo le digo que sí, que me gusta mucho. Entonces procede a enumerar algunas de las sugerencias: Gamba roja de Sóller, ostras del Ebro y Pulpo. Todo producto fresco y nacional. Después de revisar la carta, repleta de una gran variedad de platos del mar y la tierra, me decido. Embobado mirando la decoración del local, llegan a la mesa una refrescante caña de una marca que desconocía, la 18/70 de Donosti, y una cestita con pan y ali oli con trufa, una combinación increíble y que jamás hubiese imaginado.
Al rato, llega el entrante en un cubito metálico, con las 4 croquetas de berenjena, tomate cherry y parmesano. Crujientes y sabrosas. El relleno es perfecto, ningún ingrediente le roba el protagonismo al otro. Unos bocados deliciosos para abrir el apetito. Poco después de terminar mi entrante, llega el momento del plato principal: 2 tacos de pescado de Baja California. Del taco sobresale la lechuga que sirve de cama para los trozos de pescado rebozado que lo coronan. Cebollino, mayonesa y salsa agridulce dan el broche de oro a este manjar. Algo aparentemente tan sencillo y simple, resulta una explosión de sabor que te inunda el paladar y que vas degustando en cada uno de los bocados y deseas que nunca termine. Tal vez, en un primer momento y a simple vista, alguien pueda pensar que las cantidades se quedan cortas, pero nada más lejos de la realidad. Son unas porciones perfectas.
De hecho, al finalizar, y mientras me retiran la tabla en la que venían los dos tacos, me tientan con uno de sus apetecibles postres (Cardenal de Lloseta con salsa inglesa, ensaimada rellena de helado o lemon pie), pero no me entra nada más. Así que pido un cortado para darle punto y final a esta comida. Mientras tomo el café, servido con azúcar sin refinar, entablo conversación con la dueña, mujer afable y siempre atenta a sus comensales. Me cuenta que pretenden a corto plazo que toda su materia prima sea de origen local y por supuesto seguir trabajando como han hecho hasta ahora con Esment. Me recomienda, además, que la próxima visita la haga por la noche y así podré contrastar los dos ambientes. Le tomo la palabra y me comprometo que en la siguiente visita dejaré un hueco para el postre.
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