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Organic Mallorca

Comida con amor y alma

En Organic Mallorca se disfruta de una extensa y variada carta con platos elaborados con producto local en un entorno idílico.

Autor: Cristian Rodríguez Domínguez

Fotógrafo: Travel To Zero

Uno de los problemas más comunes que tenemos todos es cuando vienen amigos a visitarnos y no sabemos dónde los podemos llevar para pasar una velada juntos. Mira que conocemos y hemos ido nosotros mismos a innumerables sitios, pero en ese momento nuestro cerebro parece darse por vencido y se funde a negro. Eso es algo que nos ha pasado a nosotros recientemente. Estábamos disfrutando de una mañana maravillosa en una cala de la zona del Llevant de la isla, hasta que llegó el momento de decidir un sitio al que llevarlos para comer y surgió esa odiosa pregunta ¿dónde vamos?

No es solo que la mente se nos haya quedado en blanco, sino que tampoco es fácil elegir un sitio cuando los gustos son tan dispares y variados. Por suerte para nosotros, la agonía terminaría pronto. De repente, como por arte de magia recordé una conversación que había tenido con otros amigos los cuales me hablaron de un restaurante en esta zona de la isla. Así que una vez teníamos el rumbo claro, nos pusimos en camino. Llegamos a nuestro destino, Organic Mallorca, situado en primera línea de playa en Cala Marçal.

Pedimos mesa para tres en su terraza con vistas excepcionales a la cala. Una terraza repleta de plantas y flores, que cuelgan de todos lados y que visten de colores las mesas. Con la carta en la mano es el momento de elegir. Así como escoger el sitio nos llevó un tiempo, saber qué queremos de comer es una decisión que tomamos con más rapidez. Los camareros, muy simpáticos, nos toman nota pronto. Van y vienen sin parar, preocupados por ofrecer una excelente experiencia. Pronto llegan nuestros smoothies: Sangre de toro, elaborado con fresa, frambuesa y sandía y Besado por el sol, compuesto por naranja, mango, zanahoria, plátano y jengibre. Ambos refrescantes y sabrosos. El primero más dulzón y el otro más ácido, son perfectos para empezar a abrir el apetito.

También como entrante o para hacer boca más bien, llega una tabla de tres tipos de panes diferentes: uno dulce, otro de semillas y centeno. Crujientes y con una miga esponjosa, son el acompañamiento perfecto para el ali oli y las aceitunas. Poco después llegan nuestros platos principales. Por recomendación del camarero yo había pedido el tartar de atún y salmón con mango, pepino y tomillo. Un pescado sabroso y jugoso, acompañado de unas verduras y frutas frescas que jugaban en nuestro paladar en cada bocado. Una combinación curiosa que despierta nuestros sentidos y nos refresca. Un plato gustoso y ligero.

El otro principal son unos tallarines a la norma con mariscos (mejillones y almejas) y pesto de rúcula. Un plato generoso de pasta cocinada al dente y una salsa deliciosa que casaba a la perfección con los mejillones y las almejas. Sabores intensos y nada empalagosos. Para cerrar por todo lo alto, escogimos un postre y un café; Panacota vegana con sirope de mango y fresa. Un postre casero, delicioso, con una combinación genial de toques ácidos y dulces de la mano de las frutas. Y Ice Coffe servido en una copa de vino con mucha espuma y espolvoreado con canela. A pesar del pánico inicial, acertamos de pleno con la elección del restaurante y nos vamos satisfechos.

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