GastronomíaYumee. Cocina de encuentro
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Nus, un lugar para descubrir, saborear y que no deja indiferente a nadie.
Autor: Cristian Rodríguez Domínguez
Hoy ha amanecido un radiante día soleado de primavera. Aprovechando este maravilloso día, decidimos ir a pasear por el centro de Palma. Callejeamos por la zona de Jaime III y alrededores, dejándonos llevar, sin rumbo fijo, sin prisas. Es viernes, casi mediodía. Llegamos al Passeig Mallorca, cerca del final. Decidimos pararnos a tomarnos un refrescante vermut y tentempié en la siempre concurrida Vermutería San Jaime. Tomamos asiento en la terraza y pedimos dos vermuts rojos con aceitunas y patatillas. Podríamos haber pedido algo más, porque la carta es variada y todo tiene una pinta maravillosa, pero tampoco queremos llenarnos demasiado, ya que hemos reservado mesa en un lugar que llevan tiempo recomendándonos y nuestra intención es, por supuesto, disfrutar sin preocupaciones.
Se acerca la hora a la que habíamos hecho la reserva, así que nos ponemos en marcha. Para acortar, atravesamos el parque de Sa Feixina. Encaramos la calle Aníbal, la misma que nos dirige al Mercado de Santa Catalina. Aunque en esta ocasión, nos paramos al principio, justo al lado de la tienda de la Fundación Vicente Ferrer. Hemos llegado: Nus Palma es nuestro destino final. Y es que no era la primera vez que oíamos hablar de este lugar y de sus menús semanales, de degustación y carta, con clara influencia de la cocina asiática, aunque como ellos mismos dicen, con ese toque de ingenuidad e inquietud y sin dejar de lado lo de siempre, las raíces y tradiciones.
Entramos. El local es acogedor, ni muy grande ni muy pequeño, con una decoración sencilla, que invita a sentarte y disfrutar. La cocina, situada al fondo a la derecha, abierta. Una vez sentados, nos traen la carta. Vemos los diferentes platos fijos y platos que, escritos en bolígrafo, van cambiando. Aunque habíamos venido con un propósito claro, el menú, decidimos darle la oportunidad a un plato que nos había llamado la atención: pargo marinado en alga Kombu.
Servicio. Pronto nos traerían los primeros platos. Y lo hacían de la mano de Irene, la chef y principal artífice de este proyecto. En este caso, una ensalada de pulpo y alcachofas crujientes. Como ocurriría de ahora en adelante, los ingredientes frescos, los sabores y las texturas, harían las delicias de nuestros paladares. El pulpo tenía el punto de cocción perfecto, pasado a la parrilla y acompañado de unos sabrosos brotes verdes y anacardos. Las alcachofas, crujientes en su rebozado de tempura y salsa de soja, con toque cítrico. Queríamos más.
Llegan los principales. Sopa Dashi con Somen. Un suculento caldo con apenas 3 ingredientes, pero de intenso sabor y acompañado con una generosa porción de fideos somen. Continuamos con el arroz sushi, presentado en un bol transparente y sobre ello, una yema curada. Una combinación perfecta. Ha llegado el momento de nuestra elección fuera de menú, el pargo. Pescado fresco y exquisito, servido con una manta de alga Kombu y salsa, que eleva los sabores a otro nivel. Y, por último, el conejo satai. Una jugosa pierna bañada en salsa satai, donde sus ingredientes estaban perfectamente balanceados.
Punto y final. Creíamos que la mejor forma de terminar esta excelente comida era deleitarnos con uno de sus postres caseros. Decidimos elegir un clásico de la cocina española, la torrija. Con una crujiente capa de azúcar caramelizado, un interior de una masa deliciosa, todo ello coronado con una bola de helado de vainilla. Ahora sí, ha llegado el momento de nuestra marcha, no sin antes agradecer a Irene toda su atención y su buen hacer en la cocina. Nos comprometemos con ella a volver y a dejarnos sorprender por su menú degustación. Ha sido una gran experiencia.
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