GastronomíaYumee. Cocina de encuentro
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El verde que nos rodea va a juego con la gastronomía de La Mar de Vins, donde puedes tomar un café ecológico o saborear unos ingredientes que proceden del mercado.
Autor: Joan Ramis Boscana
Fotógrafo: Jaume Oliver
Mallorca está minada de sorpresas, regalos que no podríamos empaquetar porque los paisajes no pueden almacenarse; su lugar está en las coordenadas a las que pertenecen. Es por eso que hoy nos hemos movido hasta el Parc Natural de la Península de Llevant, un enclave que alberga una diversidad salvaje que nos conecta con los albores de la naturaleza. Después de que nuestros pies se hayan perdido por cultivos de almendros y de habernos asomado al mar desde algún acantilado, cogemos el coche y ponemos rumbo a Artà, un municipio que ya conocemos y que nos atrae por multitud de razones. Varios de estos motivos se aglomeran en el carrer d’Antoni Blanes Joan, una calle adoquinada en la que destacan la galería de Joan Peix y la joyería de Cristina Bennàssar. Notas de emoción flotan en el ambiente del pueblo, que se prepara para las fiestas de un Sant Salvador que nos observa desde su cerro. El restaurante La Mar de Vins también nos observa desde su fachada. Sus contraventanas y su toldo azulado nos seducen con un encanto discreto.
Accedemos al local y enseguida reparamos en su esencia. El proyecto de La Mar de Vins ha sido levantado en una casa antigua que sigue conservando su rusticidad, una vivienda de paredes blancas que aún mantiene ciertos vestigios del pasado: un conjunto de vigas cruza el techo de la entrada y del suelo sobresalen algunas piedras de tiempos inmemoriales. Un racimo de uvas pintado en la pared nos da la bienvenida junto a una pizarra. En su superficie se puede leer lo siguiente: cocina con amor. El colorido que han dejado las tizas nos da una idea de la riqueza que reina en su carta, confeccionada sobre una filosofía mediterránea y vegetariana: ensalada de espinacas y cuscús con tofu marinado, variado de patés veganos con crudités, mini cocotte de quesos al aroma de trufa… Estos son algunos de los entrantes que concede La Mar de Vins, una presentación que nos invita a cruzar un pasillo largo que desemboca en el patio donde nos sientan. En la fachada del restaurante ya nos habían puesto sobre aviso, pues uno de sus carteles decía que contaban con un jardín interior. Pero con lo que no contábamos era con quedarnos sin aliento.
Estamos en un vergel que parece un bosque. Nísperos, costillas de Adán y limoneros conforman el perímetro de este patio. Acabamos de dejar el Parc Natural de la Península de Llevant para caer en otro parque. El verde que nos rodea va a juego con la gastronomía de La Mar de Vins, donde puedes tomar un café ecológico o saborear unos ingredientes que proceden del mercado. Desde su cocina intentan promulgar el consumo de una dieta equilibrada. Mientras el trino de los pájaros nos llena los oídos, nosotros nos llenamos de carta: noodles de calabacín con curry de almendras y coco, wok de calamarines con verduras y salsa asiática, tortilla de patatas con tomatitos marinados o el plato del día, que es una lubina con verduras que casi acaba por conquistarnos. La propuesta de La Mar de Vins sabe recompensar todo tipo de paladares, pues sus platos también satisfacen a quienes no le harían un feo al pescado.
Sin embargo, es una de sus ideas veganas la que nos traen a la mesa: una hamburguesa de remolacha con cebolla caramelizada, pepinillo, guacamole y patatas. El plato es lo suficientemente copioso como para que le demos nuestra aprobación antes de catarlo. Contra todo pronóstico, pensábamos que la remolacha iba a resultar algo pastosa, pero se confabula con una mayonesa de leche que acaba siendo la verdadera sorpresa de esta invención. Estamos ante un plato que cunde sin ser pesado, que habla en un idioma políglota para que todos sus ingredientes se expresen en su código particular. Su guarnición no se queda corta, un acompañamiento refrescante compuesto por rodajas de manzana, tomates cherry, arándanos secos y brotes verdes. Las patatas son una oda al trabajo bien hecho: crujientes por fuera y tiernas por dentro. Si alguien está pensando en engullir una burger que se desmarque de lo común, que deje el estómago sonriendo de puro júbilo, que venga a La Mar de Vins, donde podrá refrescarse con una limonada casera en la que el cilantro y el jengibre hacen de las suyas.
Decidimos ponerle un broche a la comida con un brownie vegano con plátano y helado de vainilla. Un postre que, lejos de ser cargante, nos deja con ganas de volver.
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