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Ca'n Pau

Tradición en el corazón de la Vall

Ca'n Pau es una empresa familiar que se dedica a la elaboración y venta de helados artesanos desde 1986, con una apuesta decidida por el uso del producto local: la almendra, la naranja o limón. Podemos decir, sin miedo a equivocarnos, que son los mejores helados de Sóller.

Autor: Cristian Rodríguez Domínguez

Hoy hemos decidido aprovechar nuestro día de descanso para irnos de excursión y descubrir una ruta que teníamos pendiente desde hace un tiempo: el barranco y torrente de Biniaraix. Un itinerario clásico entre los amantes del senderismo. Un trayecto sencillo, sin demasiados desniveles ni cuestas pronunciadas, ideal para ir con la familia, o como es nuestro caso, hacer algo de ejercicio y maravillarnos con las panorámicas que nos ofrece el lugar.

En apenas unas horas hemos terminado. Como todavía queda tiempo hasta la hora de comer, y estamos justo al lado del Sóller, aprovechamos para dar una vuelta por el centro. Decidimos avisar a una amiga que vive en el pueblo para que se una a nosotros y nos haga de guía. Visitamos el Mercado Municipal, el Jardín Botánico y Can Prunera. Mientras paseábamos por la Plaza de la Constitución, nuestra amiga nos dijo que nos iba a invitar a unos helados que ella toma desde pequeña y que está segura de que nos va a encantar.

Situado justo a la entrada del centro comercial del Carrer de Sa Lluna, encontramos el local de Gelats Ca’n Pau. Una empresa tradicional y familiar que se dedica a la elaboración de helados desde 1986, cuando Pau, el fundador, convertido en maestro heladero y artesano, abrió el negocio. Desde sus inicios ha apostado por el producto local para así elaborar los helados.

El local es estrecho, pero alargado. Justo a la entrada y a mano derecha está situado la vitrina con todas las variedades de las que dispone. Como no podía ser de otra manera, yo me decido por una tarrina de 2 bolas sabor naranja y limón. También pedimos una tarrina de dos bolas de pistacho y chocolate y un cucurucho de crocanti con trocitos de chocolate. Aprovechamos que el local cuenta con terraza en la propia plaza, y decidimos sentarnos en una de las pocas mesas libres que quedan para disfrutar del helado y del magnífico día.

Nuestra amiga tenía razón, son unos helados buenísimos. Las porciones son generosas, y los sabores, increíbles. Se nota que es producto natural y artesano. Ese toque cítrico y ácido de la naranja y el limón está presente en cada una de las cucharadas. Un potente y refrescante sabor, que en un día caluroso como el de hoy, es de agradecer. El de pistacho, aunque parezca una tontería, ¡sabía a pistacho! Balance perfecto entre la leche y el fruto seco, presente en el sabor y en forma de pequeñas virutas. El de chocolate, rico en sabor y nada empalagoso, como pasa en muchas ocasiones. Y por el último, el crocanti. Chocolate con algo más de leche que el anterior, pero con un gran sabor. Y de regalo, como en el de pistacho, virutas. La galleta crujiente y sabrosa, pero sin robarle el protagonismo.

Mientras nosotros disfrutamos nuestros helados, la plaza es un ir y venir de personas de todas partes del mundo. Un trasiego incesante de gente que va y viene, asombrados por la belleza del entorno y que tienen como principales atracciones la majestuosa Parróquia de Sant Bartomeu, el edificio del antiguo Banco de Sóller y por supuesto, el tranvía, que baja cargado hacia el puerto. Ha sido un día redondo: excursión, paseo y helados, ¿Qué más se puede pedir? Por si no había quedado claro todavía, os recomendamos por completo que, si venís un día por aquí, os paséis por Ca’n Pau. Nosotros tenemos claro que repetiremos.

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