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Übeck

Come global, producto local

Croquetones de la casa, brócoli frito con salsa kimchee, patatas gajo con queso cheddar y gyozas, como entrantes, conforman una carta ecléctica con platos icónicos de aquí y de allá con un toque personal y vanguardista.

Autor: Aina Coll

Fotógrafo: Jaume Oliver

El mito de que en Mallorca uno sólo puede encontrar propuestas gastronómicas diferentes al recetario tradicional -sin contar las omnipresentes pizzas y hamburguesas de siempre, que también amamos, claro- en Palma, la capital, ha ido cayendo por su propio peso en la última década. Puede que sea cierto que, hace unos años, en la Part Forana reinaban los cellers de toda la vida -santuarios que custodian nuestro legado gastronómico- y las trattorias, pero el mapa foodie de la isla ha ido transformándose así cómo han ido creciendo las ganas del consumidor de experimentar nuevos sabores, otras culturas.

Ahora, en muchos pueblos de la costa pero también del interior de la isla, el frit de mè y las sopas mallorquinas conviven en armonía con las arepas, los curries y el sushi, para satisfacción de todos los que sentimos pasión por la gastronomía. Manacor es buena muestra de ello y, para demostrar nuestra teoría con argumentos sólidos -y mucho sabor- vamos hasta el número 23 Avinguda del Torrent un mediodía de enero.

Aquí se encuentra Übeck, un restaurante que abrió sus puertas en 2021 para reivindicar que cualquier plato de cualquier cultura gastronómica puede elaborarse con producto de aquí. Así, al menos, lo afirma la bandera que preside su entrada: «Come global, producto local».

Nada más atravesar el umbral de Übeck nos encontramos con un buen número de mesas ocupadas por clientes que inundan el lugar de risas y conversaciones. Muchos nos llevan ventaja así que curioseamos sus platos tan disimuladamente como se puede acometer este ejercicio cotilla y descubrimos que en muchas mesas reinan las zamburiñas. Sin saber si estos moluscos son el producto estrella del lugar, tomamos asiento en nuestra mesa, cerca de la barra -desde este punto estratégico, uno siempre comprende mejor la idiosincrasia de un restaurante y de sus parroquianos-.

Cuando el camarero nos acerca la carta -de hecho, de fondo oímos que hoy la estrenan- nos cuenta que fuera de ella hoy también podemos disfrutar de secreto a la plancha con salsa de ostras y patató. Informados, pedimos dos Rosa Blanca y escrutamos las propuestas de Übeck, vigilados por dos gatos chinos de la suerte que nos observan desde lo alto de la barra.

Bocadillos y hamburguesas con pan brioche, canelones de pollo con mantequilla trufada, tacos (de carrilera, de bacalao y de pulpo), ensalada de alga wakame, wok de calamar coreano, como principales, y croquetones de la casa, brócoli frito con salsa kimchee, patatas gajo con queso cheddar y gyozas, como entrantes, conforman una carta ecléctica con platos icónicos de aquí y de allá con un toque personal y vanguardista.

Llega, por fin, la hora de elegir y, aunque no resulta cuestión baladí, decidimos comenzar con unos tacos, uno para cada uno: una opción de bacalao en tempura crujiente,  salsa curry-togarashi y cebolla en vinagre, y otra de carrillera de cerdo mechada -tiernísima y cocinada en su salsa- y jalapeños aderezada con cilantro y lima. Una explosión vibrante y sabrosa con un toque ácido y fresco que no deja indiferentes a nuestros paladares.

Nos gustan tanto que pediríamos otra ración, pero para continuar el viaje ya hemos encargado dos principales suculentos, así que  optamos por la cordura y nos resistimos a la tentación. El segundo acto llega pronto a nuestra mesa: costillas ibéricas al horno con salsa BBQ japonesa, cacahuete y hierbas aromáticas, acompañadas de patató y un wok vegetariano de fideos udon.

Las costillas resultan ser un espectáculo de plato -lo afirmamos con tremenda rotundidad- que nos obliga a terminarlo con ayuda de los dedos para no desperdiciar ni un gramo de carne, y el wok de fideos salteados con verduras y anacardos nos sorprende con un toque crujiente que aporta una especie de pan de gamba de papel de arroz, fino y delicado., que cubdre los fideos.

Tras este poderoso homenaje, no queda sitio para el postre, así que nos quedamos -por esta vez- con las ganas de probar la tarta de queso al horno, la copa de helado de mango y bizcocho, la panacotta con maracuyá y el helado de dulce de leche con mini coulants que hemos ojeado en la carta y en las mesas que nos rodean.

Übeck nos ha sorprendido muy -muy- gratamente con su universo de universos que fusiona, con atrevimiento y descaro, sabores, recetas e ingredientes de mares, montañas y huertos de alrededor del planeta. Propuestas que demuestran que las diferentes culturas gastronómicas no sólo pueden convivir, sino que cuando lo hacen con sentido y buen gusto, somos más ricos. En sabor, en cultura, en disfrute.

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