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Casa Miss

Variat en un emblemático

Las raciones son generosas, el producto es fresco y casero, y las recetas son un homenaje al sabor reconocible de esta isla. El variat de Casa Miss es, sin duda, raíces, autenticidad y tradición.

Autor: Aina Coll

Fotógrafo: Jaume Oliver

El arroz brut, las sopes o el tumbet, para citar tan sólo tres manjares de la tradición culinaria mallorquina, son emblemas por derecho propio. Famosos y reconocidos, llenan las pizarras que dictan los menús diarios en los bares y cellers de la isla, y por supuesto también las ollas de nuestras cocinas. Sin embargo, hay un plato -un plato de platos, para ser más exactos- que ocupa el trono de la mallorquinidad culinaria. Quizá es por su concepto, quizá por su sabor, por su suculencia o porque no deja indiferente a nadie. Y menos a los que lo reciben a la mesa para probarlo por primera vez.

El variat ha sido, desde siempre, una opción difícil de rechazar para berenar, un desayuno que en la isla se alarga hasta la hora de la comida. Sin embargo, desde hace un tiempo también funciona (¿por qué no?) como sustituto de la comida e incluso, para los que se atreven con suculenta ración, de la cena. En Casa Miss, en sa Pobla, saben bien el secreto del éxito del variat, pues lo cocinan y lo sirven desde 1967 en su local de la Plaça Constitució.

Sobre las doce del mediodía, los parroquianos del bar pobler van y vienen. Algunos toman un café rápido en la barra, otros una caña en la mesa. Unos saborean una tapa mientras miran el reloj y otros, como nosotros hoy, se entregan al placer de devorar un variat sin prisas. 

Clásico, emblemático y familiar -la familia Mir regenta desde que abrió sus puertas tras una icónica fachada en burdeos y dorado-, nada más entrar, uno sabe que ha accedido a un local cargado de pasado y personalidad: por los espejos que copan las paredes y el techo, por una curiosa jukebox de antaño y por la cercanía y la confianza que comparten los trabajadores y los asiduos del lugar.

Ante la barra con vitrinas repletas de las raciones que conforman el variat, tenemos claro que hoy no hay otra opción para almorzar que no sea la combinación de olores, sabores y texturas que se extiende ante nuestros ojos: frito de marisco, pica pica, lengua, lomo en salsa y ensaladilla rusa, todo junto en un plato, por supuesto, aunque aquí los variats también se sirven en llonguet.

El variat de Casa Miss es motivo de peregrinación hasta sa Pobla de gente que vive en cualquier parte de la isla y al saborear el primer bocado uno sabe porqué. Las raciones son generosas, el producto es fresco y casero, y las recetas son un homenaje al sabor reconocible de esta isla. El variat de Casa Miss es, sin duda, raíces, autenticidad y tradición.

Pero el placer de regalarnos este rico y copioso festín no acaba aquí. Para acompañarlo, escogemos también la bebida típica del lugar: el vermut casero de Casa Miss, Miss Vermut. Un vermut de autor y elegante -que también se sirve, opcionalmente, con espuma de naranja- elaborado con Premsal y macerado con plantas, hierbas y especias locales. Un gustazo que ensambla a la perfección con el variat y que se alzó con el premio a mejor vermut de Baleares en los últimos Premis Vinari. Por algo será.

El variat mallorquí -ese plato de platos- es pasado y herencia, presente y costumbre, placer y regocijo. Es sabor y aroma de Mallorca. Y tras disfrutar -y mucho- de nuestro almuerzo en un legendario como Casa Miss, que sigue preparándolo en sus fogones con el respeto con el que lleva haciéndolo toda la vida, coincidimos en que sí, que entendemos que a los que ven por primera vez este plato a rebosar les abrume la propuesta, pero que solo falta catar uno tan exquisito como éste para darse cuenta de que si el variat sigue llenando las mesas de los bares de la isla no es por casualidad.

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