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Café Inca

Desayunos con calma y alma

Aquí se reúnen familias con niños, personas mayores, grupos de amigos jóvenes y parejas para disfrutar de un delicioso desayuno sin prisas.

Autor: Aina Coll

Café Esment Inca es uno de los cuatro restaurantes con los que cuenta Esment, una organización fundada en 1962 que ofrece formación profesional e inserción laboral a personas con discapacidad intelectual. Nos acercamos hasta aquí para desayunar en una mañana de sábado algo nublada, pero con muchas ganas de descubrir sus propuestas. 

Nada más llegar nos enamoramos del local: un espacio grande, amplio y diáfano que cuenta con tres secciones: en la entrada, un mostrador luce repleto de bollería casera y pan artesanal -elaborado con masa madre- que se sirve a los comensales, pero que también está disponible para llevar; el centro está ocupado por mesas redondas y rectangulares de madera y, en el fondo, se encuentra la enorme cocina abierta en la que trabajan los profesionales y los usuarios de Esment.

Tomamos asiento y echamos un ojo a la carta de desayunos. Esta está compuesta por  una oferta variada de tostadas especiales, pa amb oli, llonguets y repostería, así que ya intuimos que elegir no va a ser tarea fácil. Finalmente, apostamos por una propuesta salada: una suculenta tostada de aguacate, burrata, tomate seco y rúcula. Para el pan, nos dan a elegir entre la rebanada de espelta, la de harina de xeixa y la de avena ecológica, y nos quedamos con la primera.

Aunque nos apetece redondear el desayuno con un zumo natural de naranja, como nos explican, hoy no va a poder ser porque «las naranjas están saliendo amargas, así que no preparamos zumo por el momento, ya que no podemos servirlo de calidad». Sonreímos y agradecemos la honestidad. Estos son los detalles que nos gustan. Entonces, pedimos un café y agua, que nos ofrecen o bien embotellada o bien filtrada a través de un proceso de osmosis. Esta última, nos cuentan, la sirven como alternativa sostenible en botellas reutilizables de cristal y sin ningún coste. Nos encanta la idea, así que nos quedamos con la segunda opción.

Cuando llega el desayuno, se nos hace la boca agua. El pan está crujiente, colmado de aguacate y burrata, y acompañado de un pequeño bol de aceitunas mallorquinas. Saboreamos cada bocado mientras observamos a nuestro alrededor. Nos encanta tanto lo que degustamos como lo que vemos. Aquí se reúnen familias con niños, personas mayores, grupos de amigos jóvenes y parejas para disfrutar de un delicioso desayuno sin prisas, ese pequeño lujo que –pensamos- nos regalamos demasiado poco a menudo.

Parece que Esment gusta a todo el mundo y resulta fácil intuir porqué: el ambiente es distendido, la decoración en sencilla pero moderna –madera, ladrillo y plantas forman un tridente perfecto-, la atención es cuidada y, por supuesto, la comida está deliciosa.   

Antes de irnos, nos paramos en el mostrador, compramos un pan para el fin de semana y echamos un vistazo a las propuestas para el almuerzo. Además de la carta, que cambian con cada estación porque aquí reina el producto local y de temporada, nos llama la atención la pizarra de sugerencias del día: canelón de calabacín, taco de lechona y bacalao confitado. Delicias que, sin duda, queremos degustar. La segunda visita a Café Esment Inca, nos decimos, está asegurada.

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