Marcar como favorito

Buco Burger

El secreto está en la carne

Las trece ricuras que completan la carta del Buco están elaboradas con carne de angus irlandesa. Ellos mismos la pican a diario.

Autor: Joan Ramis Boscana

Por mucho que pase el tiempo y que nos hayamos acostumbrado a su presencia, el edificio de La Misericòrdia nos sigue resultando igual de imponente. Su austeridad luce apabullante, y sus jardines y claustro nos ceden una invitación para que los contemplemos con gozo. Acabamos de salir de sus instalaciones porque nos hemos sacado el carné de la Biblioteca de Cultura Artesana, una asignatura pendiente que habíamos estado postergando durante algunas semanas. Recorremos ahora Via Roma y nos acercamos a una hamburguesería que desde 2018 ha devorado el corazón de los palmesanos. A tan solo tres minutos a pie y muy cerca del Passeig Mallorca encontramos Buco Burger, un proyecto liderado por un Xisco Ramis que ha contagiado a su equipo su pasión por la carne. 

En su exterior, el establecimiento cuenta con una terraza compuesta por unas pocas mesas, todas ellas ocupadas. Lo que viene a ser un preámbulo de lo que vamos a encontrarnos en el interior del local: está de bote en bote. El Buco Burger de la calle Rubén Darío – tienen otro establecimiento en El Molinar – es de dimensiones más bien pequeñas. Las tuberías gruesas que recorren el techo, la barra con azulejos negros y su iluminación tenue le dan un aire industrial. Nos sentamos en un sofá alargado adherido a la pared, un neón con el nombre de la hamburguesería parpadea a nuestro lado y los comensales, cada uno a lo suyo, charlan con sus parejas, hijos o amigos. Resulta complicado centrar la atención en el contenido de las conversaciones mientras la carta del Buco, suculenta como ella sola, nos pide que le hagamos caso. No nos queda otro remedio que echarle una ojeada.

Los entrantes llevan como título un Empezamos bien al que le damos la razón. Las diez alternativas que nos dan la bienvenida son demasiado tentadoras, pero algún pajarito nos ha dicho que los Nachos Buco son un must que nos podemos pasar por alto, que obviarlos sería un pecado imperdonable. Y luego están las hamburguesas, cómo no. El buque insignia del proyecto. Las trece ricuras que completan la carta del Buco están elaboradas con carne de angus irlandesa. Ellos mismos la pican a diario y su tamaño puede ampliarse en función de las apetencias. Es la Cozumel quien nos seduce por la descripción picante de sus ingredientes. Sabemos que inclinarnos por una burger es decirle adiós a sus bucos, las otras estrellas de un lugar que también deja hueco para unos bocadillos que, al menos en apariencia, parecen una fantasía. Al lado de la puerta, un chico está a punto de meterse uno de pechuga de pollo entre pecho y espalda. Su cara de felicidad lo dice todo.

Dejamos de observar lo que ocurre a nuestro alrededor porque lo primero es lo primero. Y lo primero que nos sirven es una ración de nachos cuyas tortitas fríe el propio personal de Buco. El diferencial de este plato no consiste en su delicioso guacamole ni en su exquisito pico de gallo. Es la carne de cerdo desmenuzada, impregnada en una crema agria mezclada con salsa barbacoa, la que aporta un plus muy tremendo. Si compartir es vivir, estos nachos para dos personas son la vida misma. Nos estamos chupando los dedos cuando nuestra Cozumel viene a saludarnos. Estamos ante una torre de ingredientes de primera calidad, sostenida por algún fenómeno físico que no acabamos de comprender. El pan es esponjoso, su blandura contrasta con el tono picante de la mermelada de jalapeño y la mayonesa sriracha. Los ciento ochenta gramos de carne – esta vez la hemos pedido poco hecha – tienen un sabor perfectamente condimentado. La cebolla caramelizada le añade un grado de dulzor que se armoniza con el pan. Todo bien cubierto con un emmental que pasa a fundirse sin perder presencia.

Cuando salimos de Buco Burger, miramos nuestra agenda para poder reservar mesa otro día. Tenemos que saldar cuentas con algún plato más. 

Opciones sugeridas

Opciones sugeridas