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Badal Corner

De carne va la cosa

Lo bueno del Badal es que puedes añadir extra de toppings, que los entrantes tienen un pintón y que si te quedas corto – cosa rara – podrás acompañarlo todo con patatas o boniatos.

Autor: Joan Ramis Boscana

Sin lugar a dudas, Palma es un enclave que alberga varios corazones que insuflan de vida a la ciudad. Uno de los que bombea más energía y espíritu mallorquín es el Mercat de l’Olivar, el punto donde confluyen riadas de palmesanos que acuden a su cita con la compra semanal. Es sábado al mediodía cuando quedamos con un par de amigos en la entrada del mercado. Y aunque nuestro cometido diste mucho de hacer recados, no podemos apartar la vista de los numerosos puestos que inundan el lugar. Nuestros ojos saltan del queso mahonés a la aceituna balear, de la sobrasada de cerdo negro a la almendra de esta tierra. Después de haber picado algo en el bar Ca’n Jaume, salimos a la caza de algún sitio donde nos den de comer. En una esquina de la plaza vemos la terraza de COR Barra i Taula, un restaurante al que iremos algún día porque su oferta gastronómica nos atrae como un tesoro imantado. Pero las hamburguesas del Badal Corner están a la vuelta de la esquina, un señuelo que no pensamos evitar.

Tenemos suerte de haber conseguido mesa para tres en un sábado tan concurrido como este. El proyecto que en 2016 armaron Marga Mira y Patrick Battenberg es el ágora donde se juntan los sibaritas de la carne. A lo largo de los últimos años, la gente de Palma le ha cogido cariño al Badal, una predilección asociada a aquello que ofrecen en su carta: unas hamburguesas que se han ganado el respeto de los llonguets, que acuden al interior del local por el efecto de algún tipo de hipnosis. El establecimiento, por otro lado, sigue la línea de interiorismo al que se acoplan casi todas las hamburgueserías gurmet que hemos visitado: el industrial. Unas cañerías gruesas a la vista del público se adosan a la pared, detrás de una barra en la que uno puede sentarse gracias a unos taburetes alineados junto al mostrador. Una vez acomodados ahí, podríamos sentir de cerca lo que ocurre entre bambalinas mientras saboreamos nuestro pedido.

Pero a nosotros nos han destinado a una mesa de madera en un rincón del local, desde la que podemos ver cómo los clientes entran y salen de un Badal más pequeño que el otro, ubicado en el polígono Son Rossinyol. Al descargarnos su carta, una palabra resuena en nuestra cabeza: variedad. Luego es otra la que retumba con fuerza respondiendo a la primera: hambre. Cada uno de nosotros pide una hamburguesa diferente. La razón es muy sencilla: las queremos compartir. Al cabo de un rato, el camarero se acerca con una sonrisa pintada en la cara y nuestra elección en las manos. Empiezan las presentaciones: Un día de chimenea, Chili cheeeeeeeeeeeese y Monsieur Jack. Esos son los nombres de las hamburguesas que nos harán compañía mientras nos duren. En el Badal, son trece los monumentos edificados en honor a la carne embutida en estos panecillos, entre los que hay una alternativa vegana y una opción para niños. Aquí entienden de gustos y preferencias.

El primer mordisco se lo damos a Un día de chimenea, que tiene reminiscencias mexicanas representadas por el guacamole y otras con un mayor sabor a plancha, dadas por el beicon y el pimiento asado. Una combinación ganadora que deja un nivel muy elevado para que las otras la sigan. Pero la Monsieur Jack ataca con un acento francés bien marcado, tan marcada como lo está su carne por una parrilla en la que el queso brie se hace notar. Nos cuesta describir lo que les sucede a nuestras papilas, que despiertan de placer ante la mezcla conferida por la confitura de tomate seco y los champiñones. Sorprendente es poco. La que tampoco se queda atrás es la Chili cheeeeeeeeeeeese, que se atreve con tres tipos de queso sobre una cama de chili y jalapeños. México contrataca de nuevo, pero esta vez con una ración de cebolla morada que le va que ni pintada.

Lo bueno del Badal es que puedes añadir extra de toppings, que los entrantes tienen un pintón y que si te quedas corto – cosa rara – podrás acompañarlo todo con patatas o boniatos. Lo bueno del Badal es el mismo Badal.

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