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La imagen es fascinante y, en el silencio absoluto que invade este hueco moldeado por la fuerza de la naturaleza, la grabamos en la retina presos de la emoción.
Autor: Aina Coll
Fotógrafo: Jaume Oliver
Las aguas que abrazan Mallorca son un mundo por explorar. Desde la superficie del Mediterráneo o sumergidos en su azul turquesa, la isla toma otra dimensión y ofrece una nueva perspectiva desde donde observarla, descubrirla, vivirla. Y en Eco Island Adventure son especialistas en organizar experiencias -paddle surf, snorkel, coasteering, submarinismo y espeleología marina- que abogan por un turismo responsable y de calidad que nos hace conectar con el entorno y, sobre todo, disfrutarlo.
Bajo los rayos de sol de una mañana de junio y ante una mar llana como una pista de baile, los kayaks y las tablas de paddle surf de esta pequeña empresa de S’Illot, en Manacor, esperan nuestra llegada para conducirnos por una ruta que se dibuja sobre una mapa marítimo y traza el camino que conecta S’Illot con Cala Morlanda. Una ruta de 4 kilómetros, deporte y mucha belleza.
Tras un cartel que llama nuestra atención por su mensaje - «Keep our beach plastic-free. If you bring 30 plastics, you have one hour free SUP!»-, Toni, cofundador del proyecto, nos recibe y nos invita a tomar contacto con el agua, algo fría pero cristalina, antes de montarnos, precavidos, primero de rodillas, sobre nuestras tablas. Capitaneados por él, que nos guía durante las dos horas que dura la excursión, emprendemos nuestro viaje mar adentro.
Las rocas y las casas de veraneo que dibujan el paisaje del litoral dictan el itinerario mientras nuestras palas nos ayudan a avanzar hasta que llega el momento, ahora sí, de ponernos en pie -o al menos intentarlo- sobre la tabla. Entre risas nerviosas acometemos los primeros intentos que culminan con algunas caídas que, a pesar de todo, no ensombrecen nuestro empeño. Unos cuantos chapuzones después, y con la ayuda y la paciencia de nuestro guía, que nos aconseja sobre cómo mantener el equilibrio, por fin lo conseguimos.
Erguidos y entusiasmados, continuamos nuestra travesía hasta que llegamos a la primera parada, Es bufador, una cueva a cielo abierto bañada de luz. Accedemos a ella, tumbados sobre la tabla, y enseguida entendemos el porqué de su nombre. Como nos explica Toni, en los días en los que reina el temporal marítimo, esta entrada de agua que escudriña las rocas se convierte en una fuente que expulsa agua hacia arriba gracias a la fuerza del viento. Un espectáculo maravilloso que nos regala la naturaleza y que, estamos seguros, vale la pena ver al menos una vez en la vida.
Reconvertidos por unos instantes en arqueólogos acuáticos, recorremos el interior de Es bufador, sin prisa, antes de retomar la excursión que nos lleva ahora hasta una pequeña cueva con una entrada todavía más diminuta. No hay espacio para las tablas así que, una vez aparcadas, buceamos en la oscuridad hasta que un pequeño rayo de sol, que se abre paso entre las rocas, ilumina el interior. La imagen es fascinante y, en el silencio absoluto que invade este hueco moldeado por la fuerza de la naturaleza, la grabamos en la retina presos de la emoción.
Al abandonar la cueva, la claridad del cielo nos ciega por unos segundos, pero la adrenalina nos impulsa a continuar. Montados de nuevo sobre las tablas, emprendemos el rumbo hacia Cala Morlanda. Tras alguna que otra caída y muchas risas más, seguimos recorriendo el litoral hasta llegar a esta impresionante cala de agua transparente y nos ataviamos con nuestras gafas de buceo. Sumergidos, nadamos entre peces, rocas y posidonia, y entendemos que no hay mejor recompensa al esfuerzo que supone esta travesía.
Haciendo acopio de la última dosis de energía que todavía mantenemos, acometemos el camino de vuelta hacia S’Illot. Extenuados pero exaltados por la belleza del trayecto, nos regalamos un último baño antes de despedirnos de Toni y del equipo de Eco Island Adventure. Ha sido una experiencia inolvidable de la que nos llevamos una lección para recordar: existen infinitas formas de disfrutar de esta isla, solo hay que atreverse a probarlas.
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