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Mixing Soup

Cerámica artesanal para crear con las manos

La sensibilidad de nuestros sentidos se acentúa, quizá porque de repente no existe nada más en el mundo que lo que tenemos ante nuestros ojos, que lo que tocamos con nuestros dedos.

Autor: Aina Coll

Fotógrafo: Jaume Oliver

Dicen que la cerámica es el nuevo yoga, una forma más de autocuidado -más allá del deporte, la rutina de skincare y la alimentación saludable-. Aquellos que se han manchado las manos de barro y se han sentado frente al torno, acérrimos aficionados y expertos apasionados, cuentan que manipular arcilla relaja, incentiva la creatividad y sube el ánimo. Que sales de clase mucho mejor que como entras, vaya. Un motivo más que suficiente, a nuestro parecer, para acercarnos hasta Son Ferriol y vivir la experiencia en primera persona en el taller de Mixing Soup.

Entre delantales y piezas de cerámica que lucen esmaltadas como objetos inspiradores que quién sabe si algún día lograremos crear, nos recibe Marina Bonnin, el alma mater de este lugar, mitad taller, mitad coworking. Aquí se imparten clases semanales y experiencias en grupos reducidos -de hasta 8 personas- a novatos y a alumnos aventajados, y también se comparte espacio de trabajo con artistas y artesanos.

Entusiasta y hospitalaria, la anfitriona -que se ha formado y ha trabajado en Londres, Estocolmo, San Francisco, Kioto y Nueva York antes de emprender su propio proyecto en Mallorca- empieza por la teoría: el primero paso consiste en calcular el peso del barro -250 gramos, nos cuenta, es el adecuado para las piezas de vajilla pequeñas como boles, tazas y vasos, nuestro objetivo de hoy-. Luego, toca amasar con la técnica del camaleón, eso es, entendemos, mezclando bien el barro con movimientos repetitivos pero pausados para eliminar el aire.

Captada la teoría, nos ponemos el delantal y manos al barro. Desde el primer movimiento intuimos por qué esto gusta tanto a quién lo prueba: cuando conectas con la arcilla, el tiempo toma otro ritmo y la sensibilidad de nuestros sentidos se acentúa, quizá porque de repente no existe nada más en el mundo que lo que tenemos ante nuestros ojos, que lo que tocamos con nuestros dedos.

Con la masa compacta y bien redondita, llega el momento de sentarse frente al torno, todo un desafío para inexpertos como nosotros, así que Marina, para tranquilizarnos, nos enseña cómo colocar y mover las manos, una proceso que también cuelga de la pared -estampado en un póster a modo de chuleta- que no perdemos de vista por lo que pueda pasar.

Y lo que pasa, al final, es que nada es tan fácil como podría parecer, pero que Marina tiene el don de hacernos sentir en calma. De transmitirnos que no hay error posible, solo camino, aprendizaje y emoción. Sí, una emoción que se aviva al ritmo que nuestro bol, primero, y nuestro jarrón, después, toman forma y contorno.

Con un palillo, firmamos orgullosos nuestras primeras creaciones cerámicas, que dejamos en Mixing Soup para que se sequen y horneen. Dos semanas después, volveremos con ganas, muchas ganas, para pintarlas o, quién sabe, si a recogerlas y dejarlas como están. Así, al natural, con sus imperfecciones y crudezas para que nos recuerden al mirarlas que lo importante, como siempre, ha sido vivir la experiencia.

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