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Studio Jaia

De lo tradicional a lo atemporal

SostenibilidadArte Textil
Autor:
Aina Coll
Fotógrafo:
Jaume Oliver
11.21.2024
A mano y con esmero, cuerda a cuerda, Anna Lena Kortman plasma formas geométricas en piezas de mobiliario que homenajean la artesanía local del cordat mallorquí. Con respeto, su visión bebe de la tradición y la traslada con elegancia a un diseño minimalista, atemporal y absolutamente bello.

Anna Lena Kortman trabaja, metódica, en su local, mitad taller, mitad showroom. Hace poco que se ha mudado aquí, cerca de la Plaça de les Columnes, tras abandonar su espacio anterior en el casco antiguo de Palma. Un lugar céntrico y acogedor, pero que le había quedado pequeño a la fundadora de Studio Jaia. En orden milimétrico, las cuerdas y las estructuras de madera de sus piezas conviven con moodboards inspiradores que decoran las paredes del nuevo estudio.

«Estudio Jaia es un proyecto de diseño y artesanía, un proyecto muy personal. Una intención de contribuir a la artesanía local y mantenerla viva, y también un homenaje a las artesanas», comienza explicando Kortman, que empezó a investigar y aprender la artesanía del cordado al poco de instalarse en la isla,  motivada por«una fascinación por los patrones y las geometrías atemporales».

El lino y la cuerda de algodón reciclado son la base de su proyecto, junto con la madera -de fresno, roble y nogal- de las estructuras, que produce un carpintero local. Su máxima es que todas las fases y todos los materiales sean lo más cercanos posible, aunque admite que en cordelería ha sido difícil «porque no quería fibras sintéticas, así que la importo de la Península».

 

«Todo empezó como un hobby pero, poco a poco, fue un proceso orgánico de aprendizaje y de hacerlo profesional».

Formada en arquitectura de interiores, cansada de largas jornadas laborales delante de un ordenador en Los Ángeles y en Berlín, Kortman sintió que había llegado el momento de trabajar con las manos hacia el 2017. «Mi trabajo me encantaba, pero tenía que probarlo», asegura con voz pausada. «Todo empezó como un hobby pero, poco a poco, fue un proceso orgánico de aprendizaje y de hacerlo profesional».

Al comienzo, trabajaba con patrones geométricos, pero pronto empezó a dibujar, a ver qué pasaba, inspirada por todo lo que la rodea y por las formas de la naturaleza. Con aquello que alimenta sus sentidos, sigue dibujando croquis a mano y luego valora qué es posible y qué no plasmar a través de la cuerda.

«Para que la artesanía pueda sobrevivir hay dos caminos: seguir con lo de siempre, que me parece perfecto, o aportar tu visión, en mi caso una estructura minimalista».

El resultado de este proceso creativo es Puput, su colección de taburetes y bancos -atemporales, mediterráneos y de estética minimalista- que recupera la artesanía del cordado mallorquín que han practicado históricamente mujeres artesanas -jaia, anciana en catalán, es un un homenaje a ellas-. «Muchos mallorquines tienen una relación emocional con las piezas, porque asocian muchos recuerdos».

Con piezas de diferentes medidas y un colgador de ropa, la colección investiga y propone diferentes geometrías y colores, «fuertes o suaves, pero con un tono natural», pero Anna Lena también crea patrones por encargo a medida para otras marcas -instalaciones, tiendas, restaurantes, hoteles- en un ejercicio que difumina los límites entre la arquitectura, la artesanía, el diseño y el arte.

Esta mirada y la elegancia de sus diseños la han llevado a crear alianzas con marcas isleñas como la mítica fábrica de calzados Lottusse, de Inca, para quién ha creado patrones inspirados en las fachadas tradicionales de la arquitectura mallorquina. Formas arquitectónicas que se han plasmado en una colección de zapatos de edición limitada en un proyecto motivador que la ha permitido «trabajar con una empresa tradicional de la isla, y ver cómo se produce un zapato en su fábrica, que es preciosa».

Una de las claves del éxito de Kortman, además de la calidad de su trabajo, es sin duda el equilibrio que consigue, perfecto, entre lo tradicional y lo actual. «Para que la artesanía pueda sobrevivir hay dos caminos: seguir con lo de siempre, que me parece perfecto, o aportar tu visión, en mi caso una estructura minimalista», reflexiona, entre piezas a medio cordar y otras terminadas, impolutas, bellísimas. Y quizá esta es la cuestión: actualizar la artesanía con sumo respeto para contribuir a su pervivencia.