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Sonia Restaura

Muebles que trascienden el tiempo

Producto LocalArte Sostenibilidad
Autor:
Aina Coll
Fotógrafo:
Jaume Oliver
10.09.2024
Entre pinceles y barnices en un céntrico taller de Inca, Sonia transforma muebles y objetos que, de otra forma, estarían condenados a ser desechados. Su propósito es triple: preservar, concienciar y no dejar morir las historias -y las emociones- que atesoran las piezas que pasan por sus manos.

‘Yo me crié entre talleres. Mi padre era mecánico y mi abuelo fue pionero reparando radios  y televisores, y crecí en un ambiente en el que reparar cosas formaba parte del día a día. Sin embargo, lo que me llamaba más la atención eran los muebles. Cuando la gente los tiraba, me acercaba a ellos y me imaginaba quién lots había tenido, dónde y de qué época eran’. Ataviada con un delantal azul manchado de barniz y pintura, Sonia rememora, ahora con la mirada adulta, una infancia que transcurrió entre herramientas, piezas y segundas oportunidades. Un escenario que influyó decisivamente en lo que es hoy su proyecto profesional: un taller de restauración de mobiliario que posa su mirada en la sostenibilidad.

Cuando, hace unos años ya, comenzó a recoger muebles desechados en contenedores, cuenta, ‘les daba una vuelta para traerlos a la actualidad’ y enseguida percibió que a las personas de su alrededor les causaba curiosidad. Motivada por la reacción de su entorno, empezó a restaurar piezas para familiares y amigos en las horas que le quedaban libres al finalizar su jornada laboral, hasta que llegó el día en que, ante la imposibilidad de compaginar ambos proyectos, decidió apostar.

Desde entonces, ha trabajado en diferentes espacios y, tras un periodo en un coworking en Sineu, a comienzos de 2024 se trasladó a Inca (en el céntrico número 36 del carrer de n'Antoni Torrandell), donde restaura muebles por su cuenta y por encargo o, lo que es lo mismo, contribuye a preservar su pasado y las emociones adheridas a ellos. Este valor intangible es, precisamente, lo que busca inmortalizar a través de un proceso mimado y artesanal. ‘Cualquier mueble, aunque sea más o menos nuevo, ha tenido su historia’, afirma convencida.

Con este propósito, elabora una propuesta a medida para cada cliente -de un perfil que define como muy variado y que oscila entre los veinte y los sesenta años, y vive tanto en casas modernas como en rústicas- y a quien involucra durante todo el proceso de restauración. ‘Tengo mucho contacto con ellos porque ellos confían en mí. Quedan muy contentos porque la gente cada vez es más consciente de que debemos dejar de tirar para reciclar’.

«Quizá un mueble no les gusta como es, pero le da una segunda vida porque ahí hay una parte sentimental, forma parte de su familia».

Aquellos que fían sus muebles a Sonia son, a su parecer, personas que miran más allá, con una visión ecológica, y gente que tiene una estima emocional a un mueble y quiere conservarlo. ‘Quizá no les gusta como es, pero le da una segunda vida porque ahí hay una parte sentimental, forma parte de su familia’. Esta es la cuestión: hacer que los muebles trasciendan el tiempo.

Lo que sucede desde que sus manos tocan por primera vez una pieza hasta que la da por finalizado varía según su estado, el resultado que se anhela y los materiales, pero Sonia lo disfruta, lo atraviesa con gusto y respeta los tiempos ‘porque cada mueble es un mundo’. Tanto es así que, incluso confiesa con una tímida sonrisa, le cuesta echar el freno y desconectar. ‘Soy alguien que cuando empieza algo, tiene que terminarlo, pero a veces me obligo a parar’.

Un solo vistazo a los muebles que ocupan el espacioso taller es suficiente para entender que Sonia tiene la capacidad de adaptarse a sus clientes y cumplir con sus demandas, pero también sabe -y con atino- crear algo nuevo y diferente a través de un trabajo ‘muy físico, pero muy reconfortante’ entre estantes de madera repletos de botes de barniz y pintura, lijas y pinceles.

«Los talleres los animan a desconectar de la rutina y a conectar con ellos mismos y su creatividad».

La tranquilidad y la soledad del día a día de Sonia en su taller se altera -y con gusto- los sábados, cuando invita a otras artesanas a impartir sus talleres -de cestería, tapicería e incluso de joyería con materiales sostenibles-. Encuentros que ‘animan a desconectar de la rutina y a conectar con ellos mismos y su creatividad. Es una forma de centrarte en lo que haces y no pensar en nada más. La gente siempre repite que el tiempo pasa volando’.

Ella también imparte sus propias clases semanales, flexibles y por bonos de horas, a alumnos que desean transformar un mueble, un cuadro, una lámpara o un espejo. Todo es bienvenido en este taller que, además de conservar muebles, aviva el ingenio.‘Hay gente con muchas ganas de hacer y que le cuesta visualizar el final, que no sabe por dónde tirar’ y descubre que ‘algo que no le gusta se puede convertir en algo que te encanta, en un tesoro’.

Sonia se define a sí misma como una hormiga, alguien que va ‘poco a poco, pero fuerte. Mis pasos son muy lentos, pero continuos’, asegura, mientras afirma que su valentía y el apoyo de su familia han sido dos factores fundamentales en el camino recorrido, un sendero inspirado por una triple voluntad: conservar el pasado de cada mueble, reciclar para que el mundo sea un poco más sostenible y contribuir a que seamos más conscientes.

Y eso es, precisamente, lo que consigue. Piezas que no podrás encontrar en ningún sitio y que atestiguan tantas historias como emociones asociadas, pero que a la vez nos recuerdan que está en nuestras manos reducir el impacto ambiental que generamos cada vez que compramos algo nuevo en lugar de darle una vuelta a lo que ya tenemos. Una segunda oportunidad, otras tantas vidas.