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Yoga del Mar

Un centro de yoga que es hogar

Autor:
Aina Coll
Fotògraf:
Jaume Oliver
09.13.2023
Quizá es por la energía del espacio, por las preciosas vistas al puerto de El Molinar o por el abrazo acogedor de Nina y Yasmin, pero entrar en Yoga del Mar es como sumergirte en otra dimensión. Hablamos con dos amigas y socias que han impulsado, más que un centro de yoga, un templo en el que cuidar alma, cuerpo y mente.

Nada más llegar al 113 del Carrer del Vicari Joaquim Fuster nos descalzamos. Al entrar, los mats ahora recogidos en las esquinas nos dan la señal inequívoca de que estamos en la sala principal de Yoga del mar, un estudio singular en el que se reúnen los usuarios del centro para recibir clases de diferentes modalidades (ying yoga, ashtanga, prenatal, yoga infantil…) además de meditaciones en grupo y privadas. No obstante, y esto lo entendemos enseguida, este es un lugar en el que, además de practicar asanas y meditar, se inspira conexión y se expira comunidad.

La idea de fundar el centro surgió hace dos años. Yasmin y Nina coincidían en el colegio de sus hijos y, además, trabajaban en el mismo estudio. Así fraguaron su amistad hasta que Yasmin le contó a Nina su sueño: crear un estudio propio cerca del mar. «Es Portitxol era la combinación perfecta: en Palma, pero sin el ajetreo del centro. Y justo en frente del mar encontramos muy rápido este local. Fue como si el universo hubiera dicho: “sí”, cuentan las dos con una sonrisa cómplice».

Desde entonces, el concepto del centro ha ido cogiendo forma en una evolución orgánica, sin prisas, pero en la que ambas, nos explican, «han puesto mucho amor en cada detalle». Ahora, solo dos años después de su apertura, ya cuentan con diez profesores y seis masajistas, además de los karma yoguis, que se encargan de que todo esté a punto para la práctica. Con el tiempo, han incorporado también a su calendario otras actividades como círculos de luna llena, baños de sonido -con la voz, con gongs y con cuencos tibetanos-, sesiones de aceites esenciales y retiros.

«La idea era crear un estudio boutique, ofrecer una experiencia y formar una comunidad. Aquí nos conocemos por el nombre».

Su público, el que conforma esta gran familia, también ha ido creciendo y diversificándose. Vecinos del barrio, residentes en la isla, turistas de paso, personas de aquí y de allá son siempre bienvenidos a Yoga del mar, un centro que se adapta a los usuarios y no al revés: «Intentamos que todo el mundo se sienta a gusto. La idea era crear un estudio boutique, ofrecer una experiencia y formar una comunidad. Aquí nos conocemos por el nombre, nos tomamos juntos un té», nos cuentan Yasmin y Nina, mientras charlamos en el centro de la sala, sentadas sobre unos zafus.

El concepto de bienestar que tanto Nina como Yasmin practican en su día a día y contagian a sus alumnos es clave porque evidencia que el yoga, para ellas, es una forma de vida. «Practicar yoga en la vida diaria supone un cambio en tus hábitos, en cómo duermes, en cómo comes… de forma gradual. Lo entendemos como un proceso y en Yoga del mar te damos las herramientas para ir por el buen camino», explica Yasmin. «La meditación, la práctica, el masaje… al unirlo todo es como volver a tu propia casa, cuidar esa conexión con uno mismo que te ayuda a encontrar tu paz interior y hace que te sientas bien», añade Nina.

El mar, claro, también forma parte de la esencia del centro. Telón de fondo de nuestra charla, preguntamos por qué era tan importante para ellas encontrar una ubicación con estas vistas. «Para nosotras el mar es fundamental. Queremos que Mallorca siga tan bonita como es y es trabajo de todos preservarla, tanto de los residentes como de los turistas. Por eso queremos atraer ese slow traveler, el turista que aprecia el entorno, la naturaleza», explica Yasmin.

«Cuando le pones tu amor, tu fuerza y tu energía, normalmente las cosas salen bien».

Bien por la conexión que consiguen crear, por las propuestas que ofrecen o por el maravilloso barrio en el que se han instalado, lo cierto es que ya han pasado por aquí 1.700 personas y, por supuesto, ambas sienten que han cumplido su propósito: «el de crear un hogar, no solo un centro de yoga». Y hay más, mucho más. Las ganas de ensanchar esta comunidad son tales que en septiembre Yoga del mar celebrará su primer festival en Can Torna, Esporles: cuatro jornadas de ceremonias, workshops, comida saludable, arte, meditación y yoga, claro, mucho yoga.

Para el cartel del Spirit Festival han reunido profesores de renombre como Sam Garrett, Mose, Kevin James Carroll o David Lurey, entre otros, además de instructores y artistas residentes en la isla. La misión del encuentro es doble: por un lado, propiciar la conexión entre las personas y de éstas con la naturaleza; de otro, apoyar la conservación y la regeneración del mar Mediterráneo. Con este fin, una parte de lo recaudado a través de las entradas irá destinada al proyecto MedGardens, que vela por el fondo marino que rodea la isla.

El festival es el próximo objetivo. Un reto ilusionante en el que han invertido mucho tiempo e infinitas ganas, pero estas dos almas inquietas ya tienen nuevas ideas en mente, como empezar a impartir formaciones para futuros profesores. Algo nos dice que saldrá bien. Por la delicadeza con la que trabajan y por la alegría que irradian. Ellas también lo creen y así lo dicen, con la misma transparencia y honestidad con la que hemos compartido este rato, sentencian: «somos muy positivas y visionarias. Cuando le pones tu amor, tu fuerza y tu energía, normalmente las cosas salen bien».  Nuestros mejores deseos, chicas. Larga vida a Yoga del mar.