La Serra de Tramuntana, patrimonio mundial por la Unesco desde el 2011. Lugar de simbiosis entre el ser humano y la naturaleza, desde hace milenios. Una larga extensión de territorio donde la intervención humana ha sido respetuosa con el medio para así poder beneficiarse de las materias primas, pero siendo capaz a la vez de conservar el lugar. Son muchos, locales y extranjeros, los que la habitan y trabajan sus tierras. Es un entorno maravilloso y excepcional que cautiva a todo aquel que lo visita. Es lo que les sucedió a Rose y su marido Joachim.
Rose es una de esas muchas personas que nacen en un país (Francia) pero que encuentran en otro un lugar de tranquilidad y desconexión. Su familia materna es originaria de Sóller, pero como muchos otros, se vio en la obligación de migrar para conseguir una vida mejor. Por fortuna para ella, tenían un fuerte apego a sus raíces y todos los veranos de su niñez los pasaría en la Vall. Su lugar preferido.
Cuando se casó con Joachim, fueron juntos de nuevo a Mallorca. Ella le descubrió la isla y todos sus rincones favoritos. Fantasearon con la idea de trasladarse a vivir allí, pero en aquel momento, su vida profesional les mantenía demasiado ocupados. Pasarían los años y esa idea de regresar, no se desvanecía. No sería hasta 2015 que ese sueño, no se convertiría en realidad. Sobrepasado por una vida estresante y un trabajo que le estaba pasando por encima, Joachim decide que es el momento de parar, darle una vuelta a todo y repensar su futuro.
«La idea la tenía clara: elaborar producto artesanal, 100 % natural y de proximidad».
Decidieron entonces establecerse en Sóller, donde Rose disponía de una casa que había pertenecido a su familia. Ahora había que dar el siguiente paso, saber a qué se iba a dedicar él a partir de ahora, porque ella ya había empezado a trabajar en el Liceo Francés de Palma como profesora. Como suele suceder muy a menudo, resolver un problema cotidiano es lo que nos lleva a algo más. En este caso sería su hijo menor. Es asmático, y como les sucede a muchos, tiene la piel atópica. En una de las visitas el pediatra les recomienda que utilicen jabones naturales de aceite de oliva. Ya sabían el qué, ahora debían averiguar el cómo.
Ante la falta de los conocimientos necesarios, empezó a investigar y conocer cuál eran los procesos para elaborar el jabón. Son 3: el primero partiendo de unos fideos de jabón elaborados previamente con aceite de palma, la segunda y tercera opción eran la saponificación en caliente y en frío, donde la diferencia radicaba en la necesidad o no de cocción en el proceso de elaboración. «La idea la tenía clara: elaborar producto artesanal, 100 % natural y de proximidad» y es por esto que eligió la opción de saponificación en frío, que le permite trabajar con aceite de oliva virgen.
Junto al aceite de oliva virgen, que lo compra en la Cooperativa Agrícola de Sóller, utiliza naranjas y limones de su terreno, así como almendra y plantas aromáticas de la serra. Con la materia prima seleccionada y teniendo claro cuál es el método de elaboración, es el momento de ponerse a ello. De cada remesa, obtiene alrededor de 150 pastillas de jabón: en un contenedor vierte la grasa –en este caso el aceite de oliva virgen- el agua, aceites esenciales (en caso de que se quiera aromatizar) y la sosa cáustica. Se mezcla todo con una batidora a una temperatura alrededor de cuarenta o cuarenta y cinco. Posteriormente se vierte en unos moldes de silicona, donde se produce la reacción química de forma natural y se dejan durante 24h para que solidifique. Al día siguiente se corta y se deja secar entre tres o cuatro semanas, como si fuese un proceso de maduración. Y ya está listo para poner a la venta.


«Al final es un producto exclusivo, incluso de lujo, lo que le aporta un valor añadido».
Además de las 8 variantes de jabón natural, en Jabón de Mallorca podemos encontrar otros artículos. Y es que la inquietud de Joachim, le ha llevado siempre a ir un paso más allá, intentar averiguar cómo transformar la materia prima. Durante el 2017 elabora un champú en seco, perfecto para poder llevar con nosotros de viaje y lo más importante, reduce el uso de plástico, ya que, como todos sus demás productos, el envoltorio es de cartón.
Al año siguiente, se adentra en el mundo de los aceites esenciales y comienza a destilar en su propia casa (actualmente cuenta con dos alambiques) plantas. De aquí surge dos líneas, la primera de perfumes y la segunda, de aceites esenciales y corporales, todos ellos naturales y elaborados artesanalmente. Y, por último, tenemos los bálsamos labiales, hechos de almendra ecológica, plantas aromáticas y cera de abeja.
Todo este gran trabajo, sensibilidad por la economía local y la filosofía de Km0, le han valido para convertirse en la primera persona (que no se dedica al turismo o la producción agraria) en recibir el distintivo Serra de Tramuntana Patrimoni Mundial, además de contar con la carta de maestro artesano, que otorga todos los años el Consell de Mallorca. Este reconocimiento no le llega solo en forma de certificados o distintivos, sino que también lo hace a través de clientes de todas partes. De la mano de Fet a Sóller ha entregado recientemente un pedido para Finlandia. «Al final es un producto exclusivo, incluso de lujo, lo que le aporta un valor añadido» que es lo que más tienen en cuenta a la hora de elegir sus jabones: que sea artesanal, 100 % producto local y que no haya otro igual.
A pesar del éxito que está teniendo, Joachim continúa teniendo las ideas claras: seguir produciendo de manera artesanal, local y a pequeña escala para no perder la esencia. Está encantado con los clientes que tiene en el exterior y todos aquellos que le compran a través de la web, pero seguirá atendiendo a todos aquellos que se acerquen los sábados a su puesto que tiene en el mercado de Sóller, y es que, como el contacto directo entre productor y comprador final, no hay nada mejor.
