Corría el año 1937 cuando Sebastià Pastor i Mayol se dio de bruces con la realidad: seguir elaborando vino con viñedos de terceros había dejado de ser una opción. Ante tal escenario, resolvió comenzar a sembrar sus propias viñas y elaborar vino en casa hasta que abrió las puertas de un pequeño celler en el 17 de la calle Paborde Jaume, en su localidad natal, Santa Maria. Casi noventa años después, nos encontramos con Maria Antònia y Sebastià en el mismo lugar donde comenzó esta aventura.
Los hermanos Pastor son la cuarta generación que toma el relevo de la bodega con la firme voluntad de seguir escribiendo esta historia, pero su forma de entender la vid bebe de sus raíces: ambos se involucran en los trabajos del campo, despachan a la menuda y practican una viticultura ancestral que, como asegura Sebastià, ‘no es más que hacer lo que se ha hecho hasta ahora. En nuestro caso, es repetir lo que nos han enseñado nuestros antepasados’.
El ambiente familiar, próximo y relajado, se respira y se contagia en este celler del que no paran de entrar y salir vecinos del pueblo con su barralet, a la antigua usanza. ‘Para ser más sostenibles, siempre digo que hay que volver al vino a la menuda, reflexiona Sebastià, mientras su madre, Catalina, que se encarga de la venta directa, rellena los envases y charla con los vecinos. ‘Se ha asociado el vino a granel a la baja calidad, pero no tiene nada que ver’, afirma, consciente de que este tipo de venta ha desaparecido prácticamente en la isla en favor del embotellado que ‘se puede reciclar, pero consume energía’
«Ancestral no es más que hacer lo que se ha hecho hasta ahora. En nuestro caso, es repetir lo que nos han enseñado nuestros antepasados.»
Mientras esperan de vuelta su barril en el antiguo celler de Can Vinagre, los parroquianos aprovechan para ponerse al día y ojear los productos que abastecen el pequeño colmado: aceitunas, quesos y mermeladas de proximidad que los Pastor seleccionan con esmero. ‘Intentamos introducir productos artesanos de la isla, diferenciales y de calidad, que no están en todas partes, para defender y potenciar el producto local’, añade Maria Antònia.
Ahora que ha terminado la vendimia -que califican como escasa en cantidad, pero muy buena en calidad- de las 20 hectáreas que gestionan -algunas en propiedad, otras de familiares y conocidos-, es hora de dejar que el viñedo descanse, una tregua en la que las hierbas crecerán y formarán una cubierta vegetal espontánea ‘para que la tierra se mantenga estructurada y se active la microbiología’ y que permitirá ‘tener materia orgánica para abonar de la forma más natural posible y aprovechar el agua que se filtra’.
El método es antiguo, pero más necesario que nunca. En el Pla de Buc y en el Torrent Fals, como en todo el Mediterráneo, la lluvia es cada vez más escasa, así que la filosofía de los Pastor pasa por optimizar los recursos y que las plantas puedan sobrevivir por ellas solas. ‘Esto se consigue sembrando más profundo para que las raíces vayan a buscar el agua del subsuelo’, explica Sebastià, que compara el envejecimiento de las viñas con el nuestro: ‘cuando somos jóvenes, tenemos muchas ganas de hacer cosas y, a medida que crecemos, nos regulamos, hacemos cosas, pero con más sentido’.


«Sí, al final, ser la cuarta generación es un orgullo, pero también una responsabilidad. Lo que queremos es que la historia perdure.»
Tras el letargo invernal, volverá a comenzar el ciclo: esporgar, podar y vendimiar, un proceso que viven en primera persona y llevan a cabo con la ayuda de otros dos jóvenes. ‘Siempre he querido saber por qué suceden las cosas. Cuando era jovencito y me respondían el típico ‘porque siempre se ha hecho así’, no me quedaba satisfecho, así que decidí que si iba dedicarme a esto, iba a profundizar’, recuerda Sebastià, que estudió química en la Universitat de les Illes Balears y Enología en la Rovira i Virgili de Tarragona, una formación que le ha permitido integrar un laboratorio propio ‘para controlar, no para cambiar, pues lo que buscamos es afinar el momento idóneo para la vendimia, preservar lo que nos da la naturaleza y mejorar en calidad’.
Ahora, mientras Sebastià supervisa la evolución del vino, Maria Antònia, vitivinicultora, expande el negocio en ferias y eventos, consciente de que se han abierto nuevos escenarios en el que el vino juega un papel socializador. ‘El tema ha cambiado mucho. Antes la gente iba a conocer el producto, ahora es un modo de reunión, como una fiesta, e intentamos adaptarnos’, cuenta, a la vez que celebra el éxito de las experiencias que organizan: menús degustación y maridaje, cenas de sushi, noches de comida mexicana y su Sunset Vineyard Vibes, una fiesta veraniega que les permite crear un vínculo con la comunidad que les rodea y que este año ha superado sus expectativas.
Aunque no hay dos vendimias iguales, la media de producción anual de Sebastià Pastor es de 50.000 litros, una cifra que se transforma en siete vinos de entre los cuales les pedimos que seleccionen tres. Maria Antònia no lo duda: Prensal Blanc es fresco y elegante, perfecto para acompañar una cena de sushi. Sebiastià apuesta por el Encobeït (dar cobijo, en catalán), un vino de autor muy especial en la familia, pues en él han trabajado las cuatro generaciones. ‘Es un manto negro de un viñedo de sesenta años, así que lo acompañaría con un plato de llom amb col, siempre barriendo para casa’. Por último, ambos coinciden en que Llampant, su espumoso elaborado con un 80% de Prensal Blanc y un 20% de Chardonnay, es ideal ‘para disfrutar con lechona’.
En una época en la que el consumo de vino está más de moda que nunca y las bodegas proliferan, resulta curioso que el relevo generacional se vaya perdiendo. Sin embargo, los Pastor, con ánimo decidido, van cogiendo pequeñas fincas locales con el propósito de dar continuidad a su legado a sabiendas de que su visión del éxito sería ‘mantener el negocio así como ha sido hasta ahora y continuar con las tradiciones’, reflexiona Maria Antònia en voz alta. Sebastià la mira, con la complicidad de un hermano, y asiente con la cabeza. ‘Sí, al final, ser la cuarta generación es un orgullo, pero también una responsabilidad. Lo que queremos es que la historia perdure’.



