Marcar como favorito

Ca'n Coleto

Cuando el autoconsumo se transformó en una forma de vida

Producto Local
Autor:
Aina Coll
05.26.2023
La historia de los vinos de Can Coleto, ecológicos y amparados por el Consell Regulador de la DO Pla i Llevant, es la historia de una familia que ha sabido transformar la producción destinada al autoabastecimiento en un modo de vivir y de ganarse la vida, sin negociar ni el respeto por el campo ni sus altos estándares de calidad.

En Vins Can Coleto no han conseguido descifrar de dónde viene su apodo familiar. Lo único que saben con seguridad es que, generación tras generación, por parte de padre, son de Can Coleto y que un coleto era, antiguamente, una armadura medieval. Sin embargo, esta incógnita no les condicionó a la hora de decidir el nombre de su bodega porque, pensándolo bien, la historia de sus vinos es la historia de una familia.

Tanto es así que el relato de esta bodega de Petra empieza con el abuelo de Miquel Horrach (con quien nos reunimos para conocer las entrañas del proyecto), que desde bien niño ayudaba en la vendimia de vecinos y conocidos. Entre cosecha y cosecha, su curiosidad por el mundo de la vid fue creciendo hasta el punto de atreverse con su primera incursión en la producción de vino. En realidad, elaborar vino para el autoabastecimiento era algo habitual por entonces y Horrach lo hizo tal como dictaba la costumbre: se introducía la uva dentro de una prensa –una especie de bota con rayas verticales- y se pisaba. Entonces, con el jugo que salía se elaboraba el vino para el día a día, el vino de casa. No se le debía de dar mal porque, aunque producía poca cantidad y apenas hacía negocio, su nieto nos cuenta que pronto empezó a intercambiarlo por otros productos y animales entre sus amigos y vecinos.

Años después, el padre de Miquel heredó el interés por la producción de este líquido tan arraigado ya a la isla y lo contagió a su esposa. Ambos también hicieron sus propias pruebas e investigaciones caseras, y juntos elaboraron durante cuatro años vino para el autoconsumo sin más pretensión que disfrutarlo y compartirlo. No obstante, al darse cuenta de la buena acogida que cosechaban, en el año 2000 decidieron crear Vins Can Coleto.

«Fuimos la tercera bodega que produjo vino ecológico en Mallorca, aunque ahora hay unas 20. Mi padre lo hizo así porque cree en la filosofía ecológica».

La bodega de Petra se caracteriza desde sus inicios por su producción ecológica, un modelo del que fueron pioneros y que han convertido en un sello de identidad que lucen con orgullo todavía hoy. «Fuimos la tercera bodega que produjo vino ecológico en Mallorca, aunque ahora hay unas veinte. Mi padre lo hizo así porque cree en la filosofía ecológica», nos cuenta Miquel. El camino no ha sido fácil porque con el tiempo, añade, «nos hemos dado cuenta de lo complicado que es. Es más caro y conlleva mucho trabajo», pero esta es su forma de entender el vino y no parece negociable.

Con los años, esta manera de vivir la viticultura les ha regalado a los Coleto muchas anécdotas. Como cuenta Miquel, en sus inicios sembraban rosales en los extremos de los viñedos porque si las plantas enfermaban, era señal inequívoca de que los viñedos estaban en peligro y, a falta de productos químicos artificiales, debían estar atentos para actuar con rapidez. Sin embargo, cuenta hoy con una sonrisa, «el Chardonnay y el Syrah enfermaban antes que los rosales».

Las variedades autóctonas son las protagonistas de Can Coleto -monastrell, fogoneu, callet, Montenegro-, pero conviven con cepas foráneas que encajan muy bien con la tierra roja de la zona de Ses Ferritges de Petra, como cabernet sauvignon y merlot. De estas viñas nacen sus exquisitos Negre Virat, Camí de Son Eixut y Blanc de Negres, este último, el único que se exporta fuera de España. «Es el que más producimos porque tiene más demanda, pero fue un experimento», confiesa Miquel. El hecho es que este particular vino blanco se produce a partir de variedades de uva negras. Una técnica rara avis en su momento que consiste en separar la piel de la uva y en algún que otro truco que la familia guarda. Respetamos el silencio, nos gusta el halo de misterio.

«Nuestro objetivo es que los mallorquines compren nuestro vino y valoren lo que hacemos aquí».

Lo que comenzó como un hobby en una parcela de dos mil metros cuadrados con los años se ha ido profesionalizando y Can Coleto ha ido creciendo exponencialmente. Ahora la bodega cuenta con dos hectáreas y media de viñedo y produce mil litros al año. Están al máximo de producción que pueden abarcar en las instalaciones actuales, nos confiesan, pero no parece quitarles el sueño porque su objetivo «es competir en calidad, no en cantidad». Bueno, en realidad el objetivo es doble porque también aspiran a ser referentes en su tierra, nuestra tierra: “nuestro objetivo», añade Miquel, «es que los mallorquines compren nuestro vino y valoren lo que hacemos aquí. Se tiene que ver lo de dentro para poder comparar».

En Can Coleto, la cercanía, la vecindad, las raíces… no son conceptos que se escriban sobre papel mojado, son las bases de una filosofía que se practica día a día: las cadenas de alimentación mallorquinas son sus principales clientes, se abastecen de botellas en una empresa de Petra, compran los tapones en otra ubicada en Inca y, por supuesto, sus vecinos del pueblo compran directamente en la bodega. «Es importante favorecer el comercio local y de proximidad», concluye Miquel. No podemos estar más de acuerdo con ello. Que sigan escribiendo su historia muchos años más.