GastronomíaYumee. Cocina de encuentro
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El agua cristalina de la piscina invita a bañarse en un ambiente relajado en el que, a pesar de la cantidad de comensales, reina la calma.
Autor: Aina Coll
Fotógrafo: Jaume Oliver
Algunos restaurantes tienen la capacidad de deleitar a sus comensales con platos típicos, quizá algo tradicionales, pero ejecutados con maestría. Otros sorprenden por su emplazamiento y entorno. Es Guix, en Escorca, tiene el don de conseguir ambas cosas a la vez. Lo comprobamos un mediodía de septiembre después de una divertida mañana practicando kayak y snorkel en Cala Tuent, gracias al centro de buceo Tuent Adventure.
Nada más llegar a Lluc, podemos aparcar nuestro coche (eléctrico, por supuesto) en el aparcamiento privado del restaurante y nos adentramos en el mágico patio de Es Guix, que forma parte de una antigua casa de piedra mallorquina. Dividido en diferentes alturas, esta maravillosa terraza cuenta con una frondosa vegetación -palmeras, pinos y parras, sobre todo- que lo convierte en un lugar único y encantador.
En el nivel superior, bajo un tendal, familias y grupos de amigos ya disfrutan de sus platos en mesas y sillas de madera a la sombra cuando nosotros tomamos asiento. Lo hacemos en una de las pocas mesas vacías del patio inferior, que desprenden un claro aire veraniego gracias al hierro forjado en blanco y a cojines azules con motivos de roba de llengües que decoran las sillas. Sentados en nuestra mesa, las vistas son impresionantes: el patio, la montaña, mucho verde y, el gran atractivo del restaurante, su piscina de agua de manantial.
El agua cristalina de la piscina es el reclamo principal de este restaurante, aunque ahora solo se puede disfrutar bajo reserva, media hora antes de comer y media hora después. No nos sorprende en absoluto la afluencia de público que se regala un refrescante chapuzón, pues la buena temperatura invita, tanto a autóctonos como a locales, a bañarse en un ambiente relajado en el que, a pesar de la cantidad de comensales, reina la calma.
Tras pedirnos una cerveza, exploramos la carta. La propuesta gastronómica de Es Guix consta de entrantes clásicos de la cocina mallorquina (frit mallorquí -frito de cordero-, croquetas de botifarró -un embutido típico de la isla- y caracoles con alioli), que conviven con propuestas con producto español excelente, como boquerones de Santoña en vinagre, jamón ibérico de bellota o anchoas del Cantábrico. Además, entre estas opciones, encontramos una tabla de quesos con nueces, dátiles con beicon y cecina de Wagyu, una raza bovina originaria de Japón cada vez más frecuente en las cartas de los restaurantes de la isla.
En el menú principal reinan, sobre todo, platos de carne como cordero al horno, chuletas, entrecot de angus, lechona al horno, entrecot de angus irlandés o confit de pato. Complementan la propuesta una parrillada de verduras y bacalao confitado con ajos, pimientos y tomate. Además, como en cualquier carta típica de la isla, no puede faltar el imprescindible arròs brut, un delicioso arroz caldoso guisado con carne y verduras.
Ante suculentas sugerencias, elegir no nos resulta fácil. Tras meditarlo, apostamos por el confit de pato con salsa de arándanos y el frito de cordero. Los platos llegan rápido a la mesa, algo que nos entusiasma pues, después de una mañana de deporte, estamos hambrientos. Abundantes y con un aspecto delicioso, confirmamos al primer bocado que nuestra elección es todo un acierto.
El confit de pato de Es Guix se funde en la boca y sorprende por el contraste en el paladar, entre la dulzura de la mermelada y el intenso sabor de la carne, en un ensamblaje equilibrado. El frit de mè, con un delicioso aroma a ajo -como debe ser- y el toque picante de hígado, también cumple, de sobras, con nuestras expectativas.
Saciados y complacidos con nuestros platos, no abordamos la carta de postres, aunque se presenta deleitosa: bizcocho de almendras con helado, biscuit glacé de higos con salsa de chocolate negro, biscuit helado de albaricoques y gelato mediterráneo elaborado en Mallorca son algunas de las guindas que propone el equipo culinario para redondear una comida increible.
En el fabuloso enclave de la Sierra de Tramuntana, cobijado por un grandioso encinar, se encuentra la finca Can Guix, donde hace un siglo se explotaba la cantera de yeso que le da nombre. El restaurante, que abrió sus puertas en 1970, es un lugar de ensueño por su arquitectura tradicional, su incomparable piscina natural y, como hemos podido comprobar ahora, una cocina elaborada con mucho gusto y, por supuesto, sabor. Otro lugar imperdible en el que disfrutar de la mejor gastronomía en Mallorca.
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