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Che Gelats!

Qué bueno que viniste

Está claro que la combinación es solo apta para los más golosos, pero también es innegable que el tándem de sabores es un triunfo asegurado.

Autor: Aina Coll

Fotógrafo: Jaume Oliver

Aquellos que se alejan de su tierra -por amor, por trabajo o por una de las millones de vueltas que da la vida- y se asientan en otro lugar del mundo suelen echar de menos las mismas cosas: a su gente, los paisajes en los que han crecido y la comida. Algo así les sucedió a Daiana y a Juan, dos argentinos afincados en Mallorca que sentían una nostalgia irremediable por el sabor de los helados que disfrutaban, siendo niños, en su país.

Regada de aquella añoranza nació Che Gelats!, que cuenta con un local en Avinguda de l’Argentina y otro en Avinguda Joan Miró, justo a la altura de la playa de Cala Major, donde se encuentra su obrador. Nosotros hemos elegido la ubicada en el centro para testear su producto, que elaboran de forma artesanal.

Pistacho, frutos rojos, fresas, mascarpone o almendras de Mallorca son algunos de los sabores que albergan sus vitrinas, pero no todo es cuestión de helados: además, aquí uno también puede deleitarse con unos deliciosos alfajores de maicena o de coco, entregarse a un suculento brownie, beber -sorbo a sorbo- un batido o incluso zamparse unos churros con chocolate, una propuesta -esta última- solo apta para personas capaces de mantenerse inmutables a cuarenta grados de temperatura.

Esos, desde luego, no somos nosotros, que hemos llegado a la heladería casi derretidos una muy calurosa tarde de agosto con el propósito de refrescarnos con un buen helado mientras ampliamos, también, nuestra lista de heladerías imprescindibles de la isla.

La apetitosísima pinta de los helados hace que escoger se convierta en un reto, pero el calor hace que nos inclinemos, para empezar, por una exótica combinación de mango y maracuyá, el match perfecto entre dos frutas tropicales. Desde el primer lametazo, notamos los aromas de las frutas frescas y cómo los trozos naturales de mango y maracuyá recorren nuestra garganta. ¡Una elección ganadora para hacer frente a las altas temperaturas!

Continuamos la cata con lo que entendemos es una apuesta obligatoria al encontrarnos en una heladería argentina: el helado de dulce de leche. Y como podemos combinarlo, elegimos no uno, sino dos. El primero lo encargamos servido en tarrina y, para hacer la experiencia aún más inmersiva, lo acompañamos de unos alfajores de maicena. Está claro que la combinación es solo apta para los más golosos, pero también es innegable que el tándem de sabores es un triunfo asegurado.

El helado es delicioso y, a diferencia de lo que podríamos esperar, no resulta nada empalagoso, al igual que el alfajor, con sus virutas de coco ralladas por encima. Cada bocado es una explosión dulce, pero contenida y equilibrada, en nuestro paladar.

La segunda opción de dulce de leche -ya que estamos aquí, nos entregamos al placer- la combinamos con leche con banana, obedeciendo la sugerencia del personal que nos atiende. Los sabores se complementan a la perfección y disfrutamos de cada bocado como si fuera el último, sentados en un banco bajo la sombra de los árboles del Passeig Mallorca, que nos cobija un poco del calor y se convierte en nuestro improvisado refugio de indulgencia. Qué bueno que vinimos a Che Gelats!

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