GastronomíaYumee. Cocina de encuentro
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Los fideus de vermar llegan en una olla pequeña de barro con su característico toque picante, la pasta al dente y generosos trozos de cordero -sabroso y tierno-. Un manjar.
Autor: Aina Coll
Fotógrafo: Jaume Oliver
En la plaza de Binissalem, a mediodía entre semana, se respira un ambiente distendido, tranquilo pero con movimiento constante. Niños cargados con sus mochilas se dirigen a casa mientras los trabajadores buscan donde comer en mitad de su jornada laboral, como nosotros. Nos hemos acercado hasta este precioso pueblo famoso por su historia vinícola y, de entre las diferentes opciones que encontramos alrededor de la plaza, decidimos acercarnos hasta Can Jan, un restaurante del que no paran de entrar y salir clientes. Buena señal.
En la puerta descubrimos el menú diario y enseguida detectamos un plato típico y emblema de la localidad: fideus de vermar. Con semejante reclamo, no tenemos más remedio que entrar y probar el plato estrella del municipio, que tradicionalmente se cocina en septiembre durante la vendimia.
Can Jan es un local amplio con estética contemporánea y cuidada al detalle. Nada más entrar, nos recibe una camarera muy afable, que nos acompaña hasta la que será nuestra mesa y nos ofrece el menú del día -aunque uno de los platos ya lo tenemos más que decidido-. Mientras rumiamos el resto, pedimos agua y nos llevamos una grata sorpresa: en Can Jan colaboran con Sonrisa Médica y, por cada botella que venden, donan 50 céntimos a esta ONG pionera en España en el ámbito del acompañamiento de payasos de hospital a pacientes.
Finalmente, nos decidimos y pedimos menú para dos: fideos de vermar y canelones de primero, y huevos revueltos y dorada a la plancha como segundos. Mientras esperamos, para ir abriendo el apetito, la camarera nos ofrece una cesta de pan que regamos con delicioso aceite de Binissalem con Denominación de Origen Oli de Mallorca. Pronto llegan los primeros, en raciones generosas y con un aspecto indudablemente casero.
Los canelones están bien rellenos de abundante carne picada y regados con una bechamel ligera que ensambla los sabores en cada bocado. Los fideus de vermar llegan en una olla pequeña de barro con su característico toque picante, la pasta al dente y generosos trozos de cordero -sabroso y tierno-. Un manjar. Aunque la ración es generosa, dejamos la olla vacía y no somos los únicos que hemos sucumbido a este sabroso plato, pues en todas las mesas de nuestro alrededor reina el aroma característico de esta receta tradicional.
Es hora de atacar los segundos: huevos revueltos acompañados de champiñones y setas de temporada y una dorada a la plancha acompañada de una pequeña ensalada. Dos elecciones sabrosas y ligeras que combinan fenomenal con los primeros, sin duda, más contundentes.
Llega la hora del postre y elegimos uno de cada, dos elecciones bien diferentes que redondean esta comida: una exquisita tarta de oreo -muy dulce pero nada empalagosa- y una macedonia de fruta, ideal para refrescar el paladar y acabar esta comida en Can Jan con muy buen sabor de boca.
Con productos de temporada y recetas tradicionales de la cocina mallorquina, en Can Jan reina el sabor local en una puesta en escena cuidada. Los platos nos han convencido por su sabor y por la relación calidad - precio, que sin duda es excelente. Además, su terraza en la plaza del pueblo ante la iglesia y su imponente campanario es otro escenario en el que disfrutar de esta cocina que transmite el saber hacer de la cultura gastronómica de la isla. Más que recomendable.
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